De niño ya no existo ahora. Pero niño he sido una vez en el pasado tiempo atras. Fui un niño en el pasado, cuando otros niños ni siquiera habían nacido y otras personas ya viejas y mayores hace mucho que habían muerto. Fui niño (yo diría) más o menos, si pensamos en los años que este mundo que cuenta y cuenta (quien sabe desde cuándo y hasta donde, sin parar): entre 1987 hasta 1999; los 13 últimos años del siglo XX, el siglo anterior en el que ahora vivo y en el que muy probablemente (no hay duda) mi vida llegará un dia a su final. 

Como es de imaginar, vivo desde antes que era niño. Mi vida no empezó cuando yo era nada mas y nada menos que un niño mugroso y juguetón (ver  la foto, ese que aparese alli soy yo de niño) que, se pasaba el día de los negritos de cada año (el día 5 de enero en la ciudad de Pasto, Colombia) viendo lo que la vida tenía para darme. Empecé a existir antes de niño siendo otra cosa y antes de ser un niño muy probablemente algo que no se que sería para el mundo, pero que, de alguna forma se veía ya venir. Antes de ser niño, como mínimo fui un bebe y antes de ser eso, como mínimo un dolor o contorción en el vientre de mi mamá y por qué no decirlo: un "no saber que hacer, ni que decir" en la cabeza de mi papá. De niño yo no era como ahora, pero muchas de las cosas que de niño me pasaba haciendo, (inventando, viendo, buscando torpemente la manera de que existan o se desaparezcan), son las mismas que hoy en día (en el presente) continúo haciendo, (inventando, viendo, dando vueltas y entrañando con el alma) pero como es de imaginar, de una manera mucho más potente y desalmada, y con mucha más destreza y perspicacias de cuando era nada más y nada menos que ese niño que antes (en el pasado) fuí. un supuesto  inocente al que muchos acusaron de un supuesto malcriado o necio y yo, hoy en día veo como algo bueno de lo que me enorgulleso haber sido en vida. 

Los lugares en el mapa que de niño me recuerdo haber pisado fueron: por el lado de Colombia, Cali, Pasto y Chachagüí y por el lado de Ecuador, Tulcán, Ibarra y Otavalo.   No fui un niño rico de esos que nacen en una familia donde los papás tiene casa propia, carro propio y  su manera propia de hacer dinero ni tampoco un niño pobre de esos que no tienen qué ponerse, que comer o que llebar a la escuela paroque ni siquiera a la escuela van. Era un niño como muchos otro que al mismo tiempo era como ningún otro (al igual que los demás). 

De niño temía ser robado por un señor conocido popularmente en Pasto como “el patojo Agudelo”; un hippie que siempre iba algo drogado y se dedicaba a hacer y vender algún tipo de artesanías. De niño también, tenía fuertes pesadillas en cámara lenta y cámara rápida donde caminaba en medio de laberintos con paredes que estaban hechas de algo (que hoy podría describir) como una especie de intestinos grises o materia fecal enorme que dejaba una extraña sensación de amortiguamiento en la boca con un extraño sabor a fármaco. 

De niño también, me encantaba dibujar pezones al descubierto con lapicero rojo sobre las fotografías de las mujeres que veía en las revistas y contarles presumidamente a mis primos historias de mentiras, les hacía creer (obviamente no me creían) que era dueño de un tesoro oculto lleno de jugueticos fantásticos que jamás iban a ver ni a encontrar y estaba enterrado entre los muros de la casa donde vivíamos. una casa de adobe; de esas antiguas donde sin querer, una vez de niño, de tanto escarbar las paredes me encontré un hueso y también, un carrito de los Picapiedra con una sola rueda y con medio Pedro Mármol al volante y El Enano de pelo amarillo completamente desteñido.