de bebe

en 1986

De bebe en la historia, en mi historia personal que no es muy diferente a la historia de otros seres vivos, hombres y mujeres para la época en que nací, el lugar y las situaciones en que para entonces me encontraba, Fui para la historia un bebé llorón, sonriente, gordo y de poco pelo en un cuerpo carnoso, blando y carente de musculatura. Es probable que de viejo (si llego algún día a serlo) muera siendo algo parecido a como era de bebe, “sonriente, gordo y de poco pelo en un cuerpo carnoso, blando y carente de musculatura”. Es por eso que tal vez, uno de mis caprichos como adulto (hasta donde pueda serlo) es modificar en grados sutiles de apariencia; esa superficie molecular o física e intentar llegar a ser (o mantenerme para un futuro) desde un cambio no muy brusco, bajo la fisionomía de un hombre que ya no es un bebe, sino un hombre de mares, cielos y montañas, de historias, hechos y aventuras sin tornarme un "Condorito" (una caricatura de tira cómica de origen Chileno alusiva a un hombre que hace de todo y nada consigue) ni tampoco como un "Homero Simpson" (caricatura animada de origen Estadounidense alusiva a un hombre que no hace nada y consigue de todo). Pero si el sistema me cierra la alternativa, optaría por ser entonces la mescla de ambos, pero con algo menos de insensatez, y sin los ojos tan abultados y saltones, con un poco más de cabello talvez (como "Krosty" el payaso, el doble de Homero, sin ser tan payaso) y menos inflado de la barriga (como "Huevo Duro" amigo de Condorito, pero no de la cabeza si no de la verga, de la envergadura) Del resto creo que puedo ser igualmente animado que ambos, en el movimiento de la linea cuando es dibujo y proyección de un sujeto cualquiera, uno sobre otro y sobre toda superficie lumínica. Cuando era bebe, se cuenta que las primas de mi papá, (primas en un grado que no sabría como llamar) me apodaron “boquita de jerez” y también “El Gordo” lo que llevó a mi papá en su habilidad con las manos, a construir con madera escritorios para mi (sillas y mesas) que llevan escrita en letras grandes y mayúsculas la palabra “GORDO”. Gesto de cariño o de burla insensible, pues yo no quería y no creo alguien en la vida quiera ser tratado y apodado como gordo, en mi opinión, son pocos los que desearían ser vistos de ese modo, pues lo gordo, es sinónimo de deficiencia al moverse e inutilidad con las articulaciones, aunque sin duda también es cierto que pueden inspirar buena vida, budismo, regocijo, excesiva bondad y estimulación de buen comer. Gordo o no, me anuncié de bebe ante el mundo de “go”. Esta fue una de mis primeras palabras (y también la de una de mis primas para referirse a mi) sin saber para entonces que, en el inglés esto es el verbo ir. "You understand?", fui, soy y seré en primera palabra (en mi propia historia) el que va desde fuera de su lenguaje dado, sin saber del "green go home" que gritaron mexicanos en su combate contra los de arriba por las tierras de donde se cree proviene la palabra "gringo". No soy gringo, pero a mi modo de ver, puedo ser un “monteneGo” desde bebe. Se cuenta que para entonces me hacía feliz si las personas me hacían soniditos con la boca (pro ejemplo: agugu agugu), si me daban de comer en la boquita (sobre todo de chupar) o acurrucaban para dormir placentero y abrigadito. Tal vez eso aun tenga efecto y sentido en mí. Fui un consentido de bebe y lo puedo seguir siendo sin temor al llanto, por si de pronto mujeres de buen carácter y sensual temperamento quiere consentirme de hombre como si fuera un bebe, puede que me deje como lo hacía en ese entonces sin problema. Ya no voy a llorar cuando me quiten la teta. No recuerdo nada de bebe. Nada en absoluto. Lo que sé es porque lo he estudiado y deducido de fotos y cosas que he escuchado de antes. Llegué a escuchar de boca de mi papá en su primer o segundo día en la sesión de alcohólicos anónimos donde no recuerdo porqué diantres me llevo pero allí estaba, decir que además de estar 9 meses dentro de mi mamá, como yo lloraba mucho de bebe, en su borrachera, una vez me metió en un armario oscuro, bajo puerta para que no le interrumpiera con mi llanto su brindis y lo dejara escuchar su música romántica. Por lo que mi mamá entonces (al parecer) no solo me saco a la vida de su vientre, sino también de los armarios en que mi papá me metía, por ser ante su borrachera, un ser recién nacido que se anteponía a dejarlo en paz.

de niño

de 1987 a 2001

De niño no existo ahora. Pero he sido niño tiempo atrás. En el pasado, cuando otros niños ni siquiera habían nacido y personas de todas las edades hace mucho que habían muerto. Fui niño los 13 últimos años del siglo XX. El siglo anterior desde el cual escribo y en el cual (sin pasarme claramente de la mitad) algún día dejaré de estar con vida. Como es natural, vivo desde antes que era niño. Ya existía de tiempo atrás, venía de ser bebe, como mínimo un bebe y antes de eso, como mínimo un dolor o contorción en el vientre de mi mamá y un "no saber que hacer, ni que decir" en la cabeza de mi papá. De niño, yo no era como ahora; pero muchas de las cosas que ahora hago, las comencé de niño. Las cosas que hacía de niño son las mismas que ahora me sostienen frente al mundo. Desde niño vengo haciendo las mismas obras (sean o no sean de arte) que hoy en día (en el presente) me mantienen ante la vida y con ella. Continúo inventando, viendo, aprendiendo, rayando , moviendo, dando vueltas y entrañando con el alma las mismas cosas, pero de una manera menos adorable, más potente y desalmada, más joven y bestial (más adulta) con mucha más destreza en los dedos y perspicacias en los ojos y por lo tanto, bien y mal ,con más preocupación y compromiso encima... Los lugares en el mapa que más de niño recuerdo haber pisado fueron: por el lado de Colombia, Cali, Pasto y Chachagüí y por el lado de Ecuador: Tulcán, Ibarra y Otavalo. Crecí en Pasto. Nací en Pasto. Soy pastuso de nacimiento (es asi como soy) un sensible pastusito reacio del pueblo colombiano. No fui niño de familia que tuviera casa propia, carro propio y su manera propia de hacer dinero. Tampoco niño de esos que no tienen qué ponerse, que decir, que comer o a donde ir. Fui un niño más o menos como muchos otros y al mismo tiempo como ningún otro (al igual que los demás). De niño tenía miedo a un hippie con deficiencia en el andar (un patojo) que vendía manijas, piedritas y marihuana en capsulas de "Tic-Tac"( un dulce artificial que cuando era niño venia en un empaque con forma de trompo y con figuritas iguales a las de los Kínder Sorpresa"). Tenía miedo de que el hippie me mirara, me tocara o dirigiera su palabra de "hola bacan". También de niño tenía fuertes pesadillas en cámara lenta y cámara rápida donde pasaba por medio de laberintos con paredes que estaban hechas de algo así como una especie grande o gigantesca de caca gris o enormes intestinos que me dejaba estupefacto y con una extraña sensación de amortiguamiento en el paladar a sabor de fármaco en la lengua. De niño me excitaba dibujar pezones con lapicero rojo sobre las fotografías de mujeres que veía en portadas de revistas de modelaje y de belleza que había en casa de mi abuela. De niño les contaba historias de mentiras a mis primos; les hacía creer (obviamente no me creían) que tenía un tesoro oculto lleno de fantásticos juguetes enterrado entre los muros de la casa donde vivíamos. Una casa vieja, de adobe, de donde sin querer, una vez (de niño), de tanto escarbar con las uñas y las llaves de la casa las paredes de la misma, me encontré lo que parecía ser el pequeño fémur humano de un menor de edad y también, posteriormente un carrito de los Picapiedra con una sola rueda, con medio "Pedro Mármol" al volante y "El Enano" con su pelo amarillo completamente despintado, desteñido. (Primero encontré el hueso, días después el juguetico roto en mal estado) Me preguntaban en la familia : "¿de donde sacaste ese huesito? no parece ser el de una gallina, o de vaca y menos de pescado y aquí en la casa cuy no hemos traído" a lo que yo les respondía, "de allí, de de la pared" y apuntaba con el dedo hacia un agujero negro de tierra caída que ocupaba un lugar no muy distante de un espejo todo quebrado. Luego me preguntaban: "¿ y ese juguete tan viejo y feo que te has conseguido?¿de donde lo has sacado?" a lo que respondía: "¡mas viejos y feos serán ustedes!... no, mentira... no respondía así, decía: "lo saqué también de donde estaba el huesito"

de joven

de 2001 a 2015

De joven era y estaba para verme como en realidad no era ni nunca estaba, pero lo creía y sentía venir, más que nada por aquello que los demás manifestaban o me decían al verme. De joven no era ni estaba tan gordo como yo creía. No era tan artista como yo pensaba ni era y estaba tan mal de los pies a la cabeza como suponía. Desde joven, en palabras como: "educado" "gordo" "flaco” o “enamorado” siento enunciadas desde la lenga que me inculcaron como materna (el español) el mismo dilema de palabras como "necio" "joven”, “viejo" y “adulto”. Me viene desde joven siendo acertadas cuando se dice (por ejemplo) que se "es" artista, y no que se "está" artista. Desde joven, afirmo que se "es" y no se "está" hombre, no "se está" hijo, no "se está" humano, no "se está", artista, sino que: "se es". Todo ello y más se es. Pero por otro lado no se dice que "se es" (soy) solo sino que se "está" solo; sin compañía, como un solitario y no que se "es" un "soledad" a lo que aquí si , el femenino puede decir que "es" Soledad (hay nombres de mujeres que tienen la facultad de encarnarse como adjetivos de personalidad) Probé decir también de joven que se puede "estar" y "ser" al mismo tiempo. Estar y ser: "educado", "rico", “gordo”, “joven” o “enamorado”, pero; no sería para mi lo mismo de joven. Se puede al mismo tiempo (creo yo) encontrarse una persona "joven" a diferentes alturas de la vida, entre las comillas, o simplemente sentirse "joven" ante el espejo que hay por allí, en señal de una buena salud, de gratitud y rebeldía. Hay gente que me ve a mi por donde voy como si aun fuera un jovencito y gente que me ve como si ya fuera muy viejo. Lo cierto es que hoy en día, de adulto, donde no soy ni lo uno ni lo otro (ni joven ni viejo). Recuerdo que de joven me dejé llevar por las alturas (siempre por las altura) de los pelos (siempre de los cabellos) y un poco por cada cosa que pasaba. Recuerdo pasar de joven por un pasaje donde vendían camisetas para estampar, diciéndole adiós con la mano a una muchacha que trabajaba allí y quería llevarme a mis manos, mi boca y mi cuerpo porque me gustaba como se veía pero no tenia la menor idea de como era pero confiaba en lo que veía. Un amigo del colegio, años mas tarde fue su pareja; no se quien fue atrás de quien, o como las cosas se dieron entre ellos pero de joven lo que yo quería era que ella toma el inicio, que dejara su trabajo, que saliera de la tienda atrás de mi, que detuviera mi mano con su mano y la apretara para que fuéramos de la mano a caminar. De joven tenía miedo al rechazo , de darme contra el suelo o recibir patadas y aún así me caía a cada rato y jugaba con otros y otras a darnos de patadas hasta que dejo de ser un juego y empezó a doler. Pese a toda la patanería, puse los pies de joven como artista, soñador y aventurero en lugares bien adentro del Perú, Bolivia, Panamá, Ecuador, México, Chile, la misma Colombia, Brasil, España, Alemania, Francia, Italia y Hungría. No lo hice porque tuviera dinero, sino porque fui encontrando amigos a lo largo y ancho de la vida, confianzas desde adentro de mi y hacia los demás, fuera de mi. Y sobre todo, encontrando cosas por hacer o donde trabajar. No creo que de joven hubiera sido históricamente tan valiente ni temerario, aunque pasara mi adolescencia entre aprender a tocar guitarra, no comprar una sola bebida alcohólica con el dinero que mi mamá me daba sino con el dinero que podía ganarme por hacer muñequitos para las niñas, no fumar, recolectar basura, coleccionar miniaturas, masturbarme imaginándome que sexo tenía con mi profesora de castellano o biología o con mis compañeras del colegio y de la universidad; sacándole jugo al disgusto que me generaba tener lo que tenía y no tenerlo al 100% o no tener eso que tanto quería y no hacia nada por tener y nunca iba a conseguir de pensar como pensaba. La juventud me llegó a su hora sin que yo me diera cuenta por completo. La pasé (al igual que mi niñez) como quien se pasa sutilmente de la hora programada y llega unos minutos tardes a una reunión que ni siquiera ha comenzado. Pase mi juventud tarde que temprano, a moco tendido, jugando videojuegos, lagrimeando por la herida, gritando a oídos sordos, carcajeando por la calle, cantando a destiempos, contratiempo y dando de cabeza contra el viento y la marea. Si ya de niño había visto y estado adentro de lo que era el mar pacífico, solo de joven se me dio por emprender y comprender (escuchar de cerca) ante mis ojos, pies y manos a otros mares de este mundo. De joven fui por segundos cuerpo entero, mojado hasta las lagrimas por el agua del caribe, del atlántico y del mediterráneo donde creo que salí por primera vez un poco más hombre de lo que esperaba, "hombre llorón" me decía mi amigo el mexicano, al verme solo por allí, pero hombre al fin de cuentas. Todos los mares son el mar, "El mar es amar" no se quien lo dijo o donde lo leí, pero me metía a escribirlo (a grafitearlo) en los baños de mujeres con tina blanca de corrector. Sólo de adulto llegué a entrar al mar índigo, desde la isla de Inhaca en el Mozambique para escribir esto que digo ahora, que alguna vez fui joven a orilla, espaldas y espumas de otros mares sin nunca haber sido antes pescador, marinero, pirata de mi propia historia. La cual creo, que fui dejando que pasara ("aves de paso" diría Juaquin Sabina, mas o menos así también fue como se me paso.

de adulto

desde 2016 hasta tener cumplidos los 63 si no es que antes me matan, decido suicidarme o pierdo la vida a causa de algo accidental, un cataclismo, un avería en mi organismo, o presente una enfermedad incurable que no consiga ultrapasar.

De adulto viene siendo mi presente desde hace años al día de hoy. Si más tarde hoy dejo de vivir, no acabaré de joven, ni de niño, ni de viejo y mucho menos de bebe sino de adulto. De un adulto a medio camino. De adulto tal como soy. Porque si muero para cuando esto que escribo alguien a seguir lo lee, será de cuando era un adulto, pero no un adulto del todo. Porque adulto es lo que ahora escribo sin terminar y me gasto en decir o ser a medias. Si la vida continua y de momento no me muero, sino después de un largo tiempo, cuando llegue a convertirme en viejo, ya mayor (adulto mayor), en un anciano canoso y arrugado que me falta ser para decir que he vivido y pasado lo necesario, lo suficiente, lo corporal, entonces solo entonces, la muerte me será distinta, me será de viejo, cuando ser adulto ya no pueda ni me quede justo. Vivo o muerto, hoy en día, voy de adulto por la vida. Comencé cuando mis días como joven tocaron su campana en el final de la tarea, no porque joven ya no me viera o sintiera en el alma; sino porque me convertía en alguien que no era hasta aquel entonces . Sin embargo; como dije, no diría que al día de hoy soy un adulto por completo; un adulto realizado (hecho y derecho). Y tal vez nunca lo diga en su totalidad ni quiera. Lo que sí digo ahora, es que soy un adulto en cierta parte y en gran medida (aunque no de gran tamaño) un adulto en sus comienzos, en sus principios. Estoy aquí como persona adulta (algo adulta entre paréntesis) en el prolongamiento de la línea curva, elíptica, indirecta e indeterminada de entidad ante la historia que demarco como mía para los demás. Historia que me pone entre otras cosas, al frente de lo que digo entre paréntesis y comillas (abro comillas, dos puntos, señalo y digo: para decir lo que yo digo como historiador de mi propia historieta. Punto. Cierro comillas). Hoy de adulto me enamoran, me gustan, me apasionan, me conmueven, me existan, me detienen, me ponen a pensar, me inquietan, me enamoran para bien y para mal las destrezas y bellezas femeninas del planeta tierra (para mi que la tierra es una mujer, el mundo es un mal hombre sobre ella) y por consiguiente apunto hacia el arte antiguo y el arte nuevo o contemporáneo del que hago parte y algo se. Como adulto, no tengo preferencia por ninguna ubicación terrenal en este mundo, por ningún gobernante, dirección, ni estado de conciencia, pero si por un medio de vida, de transporte, un equipo de trabajo afín a los poetas y una forma de actuar pensante que no condicione, sino que expanda y diluya mi manera de existir (la libertad). No es mi prioridad de adulto ante el mundo ser papá, conseguir drogas, tener mascotas, cargar armas, salir de fiesta, mover pesas, mover cajas, tener carro, tener dinero, peinarme de lado, pintarme el cabello, etc. No es prioridad en mi vida el dios de mi abuela, la guerra de todos contra todos, lo que dicen unos, lo que callan otros, tener fama o fortuna, sentirme amado, ser aceptado, o tener a donde ir. Mi prioridad es la vigilia, estar pendiente, estar atento a lo que pueda darse, con los ojos en el otro. Si llega llega , si pasa: que me pase. Mi prioridad está en el censo que lleva al arte en la vida, ser lo que hace en mi, por eso a veces me doy espacio o punto aparte para la filosofía, el amor, la historia y el trabajo. En arte, lo que hago, de algún modo, es que la cosa llegue a pasarme y no por alto ni entre mis piernas sino de lleno. No siempre consigo a mi manera ser quien quiero pero si bajo mi cuadro de percepción posible, bajo mi cuidado. Mi prioridad en la vida como adulto es enseñarme a lo que se, dar la vida haciendo lo que hago y vengo haciendo desde niño sin serlo nunca más. En caída libre. Desde pequeño vengo aprendiendo y disfrutando de hacer cosas con las manos, los pies y la mirada. Es lo que ahora mismo hago al escribir esto que digo, esto mismo que ahora pongo, que dejo, que ahora leo entre cortado, soy entre palabras y entre líneas a doble sentido, para la historia que alguien tal vez lee, yal vez no, no interesa, lo dejo aquí para avanzar. Me atrevería a decir que como adulto, muero por lo que hago y hago de aquello un aprendizaje de la vida, de arte, del saber entre-vivir (relacionarme) con los vivos y los muertos antes que revivir o resucitar por ser alguien de algo que para mi no cuenta sino como debate y cuestionamiento de transformación personal (llámese dios, llámese patria o llámese familia). Si muerto ahora (en este momento) al menos para mi será como dejar el fin. como un libro o cuaderno que no se abre por la mitad sino que se convierte sin limite de hoja en página sin corte, donde solo hay entradas por salidas. Puerto marea. Me faltan tantas cosas por hacer que ni siquiera se me han ocurrido y otras tantas por empezar y dar por acabadas. De adulto mi vida entera es un punto seguido en el final.