En palabras como "gordo" o "flaco", siento enunciadas desde la lenga que me inculcaron como lengua materna (el español) el mismo dilema de palabras como "joven" o "viejo". Veamolo asi. Es corecto decir Fulanito es artista; pero no Fulanito se ESTÁ atista. Se dice, Pepito Peres es hombre, hijo, hunano pero no Pepito Peres  ESTÄ hombre, hijo, humano. Sinembargo , si podemos decir Fulanito y Pepito peres estan gordos o estan jovenes o estan viejos o estan borrachos al gual que podemos decir son, son gordos, son jovenes son viejos y son  un par de borrachos 

Seguramente encontrarse joven o simplemente sentirse joven ante el espejo que hay por la vida es señal de buena salud, de gratitud y reveldia. Hay gente que me ve joven porque no tiene idea de que me he caido 

De joven me deje llevar un poco por cada cosa que pasaba. No creo que era un valiente ni tampoco un temerario aunque pase la adolecencia entre aprender a tocar guitarra y , tal vez ni si quiera me encontraba a gusto con lo que tenía, me sentia rechasado por las niñas de la escuela, completamente invisible de aparesr ante sus ojos   Era algo responsable aunque casi siempre me olvidada o perdia la llave de la casa. 

Tal como en  mi niñez, mi juventud llego ha su hora sin que yo me diera cuenta por completo.  Pasé mi juventud, como quien se pasa sutilmente de la hora programada y llega unos minutos tardes a la reunión que aun ni siquiera ha comensado. Pase mi juventud tarque que temprano, a moco tendido, lleno de destiempo, contratiempo y marea. 

He escuchado decir a mucha gente que la juventud es para siempre porque en la juventud aparese  el gusto por enamorarse, por ir de baile, por enborracharse ycaer de la patineta.

Mi juventud  se extiende sobre la primera decada del siglo XXI cuado empesaba el mundo de las telecumunicaciones, las camaras digitales y las computadoras portatiles a cobrar precencia.  

Los lugares en el mapa que de joven me recuerdo haber pisado fueron: la Costa Caribe Colombiana, Cartagena, San Andres y Providencia, Medellin,  por el lado de Colombia, Cali, Pasto y Chachagüí y por el lado de Ecuador, Tulcán, Ibarra y Otavalo.   No fui un niño rico de esos que nacen en una familia donde los papás tiene casa propia, carro propio y  su manera propia de hacer dinero ni tampoco un niño pobre de esos que no tienen qué ponerse, que comer o que llebar a la escuela paroque ni siquiera a la escuela van. Era un niño como muchos otro que al mismo tiempo era como ningún otro (al igual que los demás). De niño temía ser robado por un señor conocido popularmente en Pasto como “el patojo Agudelo”; un hippie que siempre iba algo drogado y se dedicaba a hacer y vender algún tipo de artesanías. De niño también, tenía fuertes pesadillas en cámara lenta y cámara rápida donde caminaba en medio de laberintos con paredes que estaban hechas de algo (que hoy podría describir) como una especie de intestinos grises o materia fecal enorme que dejaba una extraña sensación de amortiguamiento en la boca con un extraño sabor a fármaco. De niño también, me encantaba dibujar pezones al descubierto con lapicero rojo sobre las fotografías de las mujeres que veía en las revistas y contarles presumidamente a mis primos historias de mentiras, les hacía creer (obviamente no me creían) que era dueño de un tesoro oculto lleno de jugueticos fantásticos que jamás iban a ver ni a encontrar y estaba enterrado entre los muros de la casa donde vivíamos. una casa de adobe; de esas antiguas donde sin querer, una vez de niño, de tanto escarbar las paredes me encontré un hueso y también, un carrito de los Picapiedra con una sola rueda y con medio Pedro Mármol al volante y El Enano de pelo amarillo completamente desteñido.